Monday, February 06, 2006

Beber mucho y comer poco


He observado que es costumbre en parte de la blogosfera contar, los lunes, lo acontecido el fin de semana. Puede ser exhibicionismo o falta de ideas, pero pienso sumarme a esta tendencia desde ya. Así que os cuento.

El viernes, finalmente, acudieron a mi llamamiento de copa gratis Scochtbrite y señora, Quic y Limbogirl (a la que algún día dedicaré un post particular), además de mi santo y servidora. Yo sabía que Scochtbrite tenía que currar al día siguiente, como yo misma, y que los otros dos estaban un poco bajos de ánimo por distintos motivos, así que pensé: "cenita, copa y para casita". Nada más lejos de la realidad. Salí tarde de trabajar, y cuando les propuse a los demás ir a cenar algo dijeron al unísono: "ya hemos cenado". Yo tenía un hambre de lobo, pero como soy muy democrática cuando quiero dije, "pues hala, vamos a tomar unos copazos directamente", aun a sabiendas de que esta frase me traería, como en tantas ocasiones, la perdición.

Scochtbrite, como era de esperar, se recogió pronto. Tuvo el tiempo justo de tomarse una copa en El Naranja, revelar importantes secretos televisivos, ante nuestro acoso para que violara su cláusula de confidencialidad, y apalabrar con D. una excursión a la Pinilla, a la que yo me intenté negar con el argumento de que no puedo esquiar un día antes de mi enésimo examen de conducir. Su señora tuvo el tiempo justo para actualizarnos sobre su persona, porque hacía un siglo que no la veíamos y de decir que a ver si nos vemos más.

Nos quedamos los cuatro. Como he dicho, Limbo y Quic no están en su mejor momento y eso, unido a que Quic se enfureció porque estaban poniendo El Último de la Fila en El Naranja, me reafirmó en mi idea de que acabaríamos pronto. Pero me equivoqué de nuevo. Nos trasladamos al Moloko. Tras la segunda copa yo dije: "Nos vamos, ¿no?" Y ellos dijeron "bueeeeno..." Para mi sorpresa querían quedarse. Continuamos bebiendo, y al rato estaba totalmente intoxicada por los dos litros whitelabel con cocacola light que había ingerido (sé que es un combinado carente de todo glamour, pero qué queréis que os diga, me he hecho a él). Así descubrí que estar un poco mal de ánimo no es incompatible con beber y charlar. Y me lo pasé bien, la verdad. En un momento dado pusieron "Nuevas Sensaciones" y, como estaba borracha, dije "joder, qué buenos son los Planetas". Los otros asintieron con vehemencia y Quic me confesó que había utilizado la letra de esa canción para encabezar un reportaje. "Y habrás rellenado media página con la tontería", le dije yo. Lejos de negarlo, se excusó diciendo que es que a veces tiene que escribir siete y ocho páginas. Bien, pienso imitar esta técnica en cuanto tenga ocasión.

Tras la sempiterna búsqueda de taxi me acosté a las 5 y cuando me levanté para currar tenía la más perra de las resacas. Pasé el día en el trabajo bastante malhumorada. Fui a comer con la señorita E. a una creperie (uno de los pocos sitios cercanos que abre los sábados). Pedimos una ensalada de queso "con vinagre de frambuesa". El "vinagre" resultó ser el mismo sirope de fresa que usan para las crepes dulces rebajado con un poco de agua. El atentado gastronómico y el hecho de tener que compartir mesa con otros dos del curro a los que no me apetecía hablar me avinagraron más todavía. Pasé el resto de la jornada a duras penas y cuando salí fui a buscar a D. Su sábado no había sido mucho mejor: tuvo que llevar a su madre fuera de Madrid al funeral de un señor al que le unía un vago parentesco. Así que, aunque pensamos en salir, nos quedamos fritos en nuestro sofá de Ikea, también sin cenar.

El domingo fue el único día que comí decentemente. Fue en mi casa (de mis padres) y fue una deliciosa merluza preparada por mi mamá. Pero una agria discusión con mi padre me volvió a convertir en la niña del exorcista (Me explico: en mi vida hay cuatro hombres: mi novio, mi padre, mi jefe y mi profe de autoescuela. Qué raro es el día que no discuto con ninguno). Tras la comida me fui pitando al curro y por la noche volví a ir a mi casa-casa con D., con quien comí un kebab que cierra un fin de semana gastronómicamente catastrófico.

En suma: me lo he pasado bien, pero habría sido mejor sin currar y alimentándome como Dios manda. Una nota cultural (cine, por ejemplo, que ya es hora), tampoco le habría venido mal al finde. Veredicto: un notable bajo.

Besos a todos.

Sue.

4 Comments:

At 8:37 PM, Blogger El Ratoncito Pérez said...

Trabajar los fines de semana es lo peor... sobre todo si vas resakoso y todo lo que te rodea sabe y huele a whisky...

 
At 2:42 AM, Anonymous Anonymous said...

Yo creo que trabajar un domingo está bien. Muy bien. De hecho, me ha tocado en los últimos 13 o 14 años de mi misteriosa vida y no me arrepiento. He escuchado demasiadas veces a mis colegas que los domingos son un rollo, porque no hay nada en la tele, la resaca es más difícil de despistar si no tienes nada que hacer y además tienes que currarte que tu novia te deje bajar al bar a ver el partido de fútbol en peiperviu. Eso sí, la otra cara es la depravación moral que supone verse a uno mismo vomitando en los servicios del curro. Eso sí que no tiene precio.

 
At 9:11 AM, Anonymous Anonymous said...

En mi trabajo esa depravación moral está a la orden del día. Si llegas un sábado sin resaca eres un bicho raro. Y sí, gracias a currar algunos domingos me he evitado muchas discusiones por el fútbol con mi santo.

 
At 3:17 PM, Blogger _R_ said...

A mi me parece que no te alimentaste tan mal, peor es vivir de crispis y tostadas, por poner un ejemplo.

 

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